Que confusión. Tanta felicidad, es la que siente, pero se halla sin rumbo. No está perdida. Nadie la encuentra y ella no busca nada, para ella, con aquella felicidad es suficiente. No quiere seguir un camino, pero está obligada a decidir. Simples cirunstancias de la vida la confunden; es que con tantos rumbos no se puede elegir... aún no. Esa maldita presión, invisible para todos.
Piensa en que el tiempo no para, ni retrocede; y que si no sé apura será tarde. ¡Que presión! Y aún no encuentra el camino.
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