Su cabeza va a estallar, pero no para de hacer lo que le gusta. Sufre y puede hasta llorar, pero no para. Le gusta escudriñar en vidas ajenas y no es de metiche; es que ella disfruta al saber de gente que no conoce, gente extraña que cuenta su vida a travez de palabras. Ella lee, lee, lee sólo para saber detalles; encontrar detalles escabrosos que la llenan de gozo por el hecho de ser secretos... ¿Pero que tan secretos pueden ser si ella, una extraña, más los puede leer? No tan secretos, está claro, pero algo oculto tienen, algo que el resto de los extraños desconoce y que ella descubre; a veces no, a veces se queda con el secreto no tan secreto: a veces deja de buscar tantas respuestas que sirven de poco.
Ella no quiere encontrar mundos perdidos ni responder cosas sin sentido o con sentido, tal vez... Quiere sentirse plena, con lo que sea, quiere sentir que no es necesaria y poder escapar. Quiere escapar, pero no puede dejar de quedarse. No es una confusión, es simple realidad.
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